Posts Tagged ‘dale carnegie’

La Zona de Comfort

Posted on the Agosto 7th, 2008 under Superación Personal by Ismael Briasco

Leyendo el blog de Santiago Bilinkis, uno de los fundadores de OfficeNet, vi la frase “Tratando de vivir la vida fuera de la ”.

Hace un año atrás aproximadamente hice un de donde uno de los pilares fue justamente salir de nuestra . Y al menos en mi caso si bien ya venía trabajando esto hacía un tiempo y hasta en algún punto es algo innato en mi naturaleza, me ayudo mucho más a vencer barreras y que me limitaban en mi progreso y crecimiento personal y profesional.

Pero que es exactamente la ? Es básicamente conformarse con lo que tenemos, no aspirar a nada que nos cueste sacrificio, creer que el es para otros, etc, etc…todo aquello que nos estanque y no nos permita crecer es nuestra . Por ejemplo, si a una persona que jamás hablo en público le dan la posibilidad de hacerlo, seguramente preferiría decir que no y quedarse en su zona cómoda antes de la posibilidad de hacer el ridículo. Otro ejemplo puede ser el de un empleado que pasa 10 años en el mismo puesto y decide no progresar por miedo al fracaso. Y así hay miles y miles de ejemplos…

Todos los ejemplos que encontremos van a tener solo un común denominador en el fondo, EL MIEDO, el peor enemigo de cualquier ser humano.

Tenés alguna de la que te cueste salir? Mientras sigas pensando que es difícil o imposible, más difícil e imposible va a ser.

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Seis maneras de agradar a los demás

Posted on the Marzo 24th, 2008 under Relaciones, Superación Personal by Ismael Briasco

Liderazgo

Siguiendo con el resumen que vengo haciendo del de , “Como ganar e Influir sobre las ” voy a comenzar con la segunda parte del en la cual se explican varias técnicas o métodos sobre como agradar a la gente.

Piensen por un instante en aquellas que admiran por la facilidad que tienen de caerle bien a todo el mundo y como logran conquistar a su auditorio o a la gente que la rodea, algunos ya son así de forma natural pero muchos otros tuvieron que desarrollar esas habilidades y eso es lo que vamos a ver, como adquirir habilidades para agradar a los demás:

REGLA 1

Interésese sinceramente por los demás.

REGLA 2

Sonría.

REGLA 3

Recuerde que para toda persona, su nombre es el sonido más dulce e importante en cualquier idioma.

REGLA 4

Sea un buen oyente. Anime a los demás a que hablen de sí mismos.

REGLA 5

Hable siempre de lo que interese a los demás.

REGLA 6

Haga que la otra persona se sienta importante y hágalo sinceramente.

En futuros posts voy a ir resumiendo cada una de las reglas, aunque la mayoría son obvias, es increíble pero a todos nos cuesta llevarlas a cabo. Lo sorprendente es que cuando aplicamos estas reglas de forma constante y sincera, las relaciones mejoran instantáneamente en algunos casos.

Los invito a discutir estas reglas ;)

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Despierte en los demás un deseo vehemente

Posted on the Marzo 17th, 2008 under Superación Personal by Ismael Briasco

Técnicas fundamentales para tratar con los demás

  1. No critique, no condene, ni se queje.
  2. Demuestre aprecio honrado y sincero.
  3. Despierte en los demás un vehemente.

La mejor forma de lograr que otra persona haga lo que nosotros queremos es justamente eso, lograr que QUIERA hacerlo. De nada sirve dar una orden o pretender que la otra persona realize lo que queremos de manera eficaz si la otra persona no quiere hacerlo. La pregunta del millón es: ¿Como puedo lograr que quiera hacerlo?

La respuesta es mas fácil de lo que parece, el secreto esta en hablar de lo que le interesa al otro y no de lo que nos interesa a nosotros, mostrarle las ventajas y beneficios que puede obtener al hacer lo que nosotros queremos.

La mayoría de la gente es egoísta y solo piensa en su propio beneficio, pero cuando aparece alguien que puede demostrar que no solo piensa en él sino tambien en los demás y en como llegar a un resultado que sea beneficioso para ambos, ese alguien va a tener mucho mas éxito con la gente.

Esta historia la cuenta un participante de los cursos de (el autor de estos principios):

Una noche Stan volvió a casa del trabajo encontró a su hijo menor, Tim, pataleando

y gritando en el piso de la sala. Al día siguiente debía empezar el jardín de infantes, y ahora

protestaba diciendo que no iría. La reacción normal de Stan habría sido ordenarle al niño que

fuera a su cuarto, y recomendarle que se hiciera a la idea de ir de todos modos. No le habría

dejado alternativa. Pero, al reconocer que esto no ayudaría a Tim a iniciar con la mejor

disposición su carrera escolar, Stan se detuvo a pensar: “Si yo fuera Tim, ¿qué podría gustarme

en el jardín de infantes?” junto con su esposa, hicieron una lista de todas las cosas divertidas que

haría Tim, como pintar con los dedos, cantar canciones, jugar con nuevos, etc. Después

pasó a la acción. “Todos empezamos a pintar con los dedos en la mesa de la cocina: mi esposa

Lil, mi otro hijo Bob, y yo mismo, y nos divertimos mucho. Al poco rato asomó Tim a espiar. De

inmediato, nos rogó que lo dejáramos participar. ‘¡Oh, no, tienes que ir al jardín de infantes a

aprender a pintar con los dedos!’ Con todo el entusiasmo que pude reunir, seguí adelante con la

lista, hablándole en términos que pudiera entender, explicándole todo lo bueno que haría en el

jardín de infantes. A la mañana siguiente fui el primero en levantarme. Bajé y encontré a Tim

profundamente dormido en el sillón de la sala. `¿Qué estás haciendo aquí?’ le pregunté. `Estoy

esperando para ir al jardín de infantes. No quiero llegar tarde.`El entusiasmo de toda la familia

había despertado en Tim la ansiedad por iniciar las clases, mucho más de lo que podría haberlo

hecho la más persuasiva de las conversaciones.

 

Los dejo con esta frase:

“Si hay un secreto del éxito -dijo - reside en la- capacidad para apreciar el

punto de vista del prójimo y ver las cosas desde ese punto de vista así como del propio.”

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Demuestre aprecio honrado y sincero

Posted on the Enero 24th, 2008 under Emprendedores, Relaciones, Superación Personal by Ismael Briasco

Siguiendo con el post anterior sobre los principios para tratar con los demás:

  1. No critique, no condene, ni se queje.
  2. Demuestre honrado y sincero.
  3. Despierte en los demás un vehemente.

Solo hay una forma de conseguir que alguien haga algo, y es lograr que esa persona quiera hacerlo, pero para lograr eso esa persona debe obtener algún beneficio propio.

“Todo lo que usted y yo hacemos surge de dos motivos: el impulso sexual y el de ser grande”: Sigmund Freud.

“El impulso más profundo de la naturaleza humana es el de ser importante”: John Dewey.

Cada vez que logramos algo tratamos de obtener reconocimiento de los demás, ya sea de un jefe, amigo, esposa/o, etc…es parte de la naturaleza humana, pero la mayoría de las veces somos ciegos ante los logros de los demás.

En mis años como empleado tuve la suerte de tener jefes que conocían esta regla y cada vez que recibía un reconocimiento mi rendimiento posterior era muy superior porque necesitaba mantener esa reputación, era algo instintivo.

Hace poco me paso con mi hija de 5 años que esta aprendiendo a leer (me quedo tarado cada vez que la veo sentada en el sillón con un librito en las manos) y le dije lo mucho que me gustaba verla leer a lo cual se le lleno la cara de una sonrisa enorme y se le inflo el pecho de emoción por un simple comentario (simple para mi) que yo le hice… Esto me hizo recordar rápidamente este principio…

OJO!!! No hay que confundir el halagar a alguien con la adulación, por eso lo de “honrado y sincero” ya que cuando uno no es sincero se nota y puede dañar mucho tanto la reputación de uno mismo como el ego de la otra persona.

Paul Harvey, en una de sus transmisiones radiales, El Resto de la Historia, cuenta cómo una apreciación
sincera puede cambiar la vida de una persona. Contó que años atrás un maestro de Detroit le pidió a Stevie
Morris que lo ayudara a encontrar un ratoncito que se había escapado en el aula de clases. El maestro
apreciaba el hecho de que la naturaleza le había dado a Stevie algo que ningún otro alumno tenía. La
naturaleza le había dado a Stevie un notable par de oídos, para compensar la ceguera de sus ojos. Pero ésta
fue la primera ocasión en que Stevie sintió que se apreciaba la fineza de su oído. Ahora, años después, dice
que ese acto de fue el comienzo de una nueva vida. Desde aquel entonces desarrolló su don del oído
hasta volverse, bajo el nombre artístico de Stevie Wonder, uno de los grandes músicos populares de la década
de 1970.

Pongan en practica este principio cada día de sus vidas, si tienen empleados que merecen una aprobación, si están casados, con sus , con sus hijos, etc…

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No critique, no condene ni se queje

Posted on the Enero 22nd, 2008 under Emprendedores, Relaciones, Superación Personal by Ismael Briasco

Ayer almorzando con Mariano surgió una charla interesante sobre las relaciones humanas, sobre como nos ven los demás, lo que realmente transmitimos con nuestras palabras, gestos, etc… esto me hizo acordar a un que hice el año pasado en Dale Carnegie Training sobre y .

fue uno de los pioneros en cursos de y elaboró un método de educación para poder desarrollar todo el potencial de las básicamente reforzando puntos claves en la personalidad de cada persona. La clave de el éxito de estos cursos es romper con paradigmas y modelos mentales que fuimos incorporando a lo largo de nuestras vidas.

El se basa en desarrollar 5 propulsoras de éxito:

  1. Desarrollar Mayor Auto-Confianza
  2. Fortalecer las Habilidades Interpersonales
  3. Mejorar las Habilidades de Comunicación
  4. Desarrollar Habilidades de Liderazgo
  5. Mejorar Nuestra Actitud

En mi caso el (o ) fue muy útil para encarar mi nueva vida como emprendedor ya que gran parte de esa vida depende muchísimo de las relaciones que uno va forjando.

Lo anterior fue una introducción para hablar sobre los principios que aprendí en el . Estos principios tienen como objetivo mejorar nuestras relaciones y generar lazos de confianza con la gente que nos interesa.

Principios para tratar con los demás:

  1. No critique, no condene, ni se queje.
  2. Demuestre honrado y sincero.
  3. Despierte en los demás un vehemente.

En este post voy a hablar sobre el primer principio y voy a seguir con los otros 2 en futuros posts.

No critique, no condene ni se queje

Criticar a nuestros colaboradores, , etc… no solo daña la imagen de la persona, sino que pone una marca negativa en nuestra imagen.

Cuantas veces nos pasa que alguien nos viene a hablar mal sobre otra persona? Muy seguido no? Cuantas veces nosotros mismos lo hemos hecho…

Como explica :

La crítica es inútil porque pone a la otra persona a la defensiva y por lo común hace que trate de justificarse. La crítica es peligrosa porque lastima el orgullo, tan precioso de la persona, hiere su sentido de la importancia y despierta su resentimiento.
En mil páginas de la historia se encuentran ejemplos de la inutilidad de la critica por ejemplo la famosa disputa de Theodere Rooselvelt y el presidente Taft y dividió al partido republicano. Otro ejemplo es el de Lincoln quien criticaba duramente a las al principio de ejercer las leyes tal es el caso de que se burló de un político irlandés, este hirvió de indignación y lo reto a un duelo pero los padrinos lo impidieron. Lincoln aprendió esa lección de no criticar y después dijo “No los censuréis son tal como seriamos nosotros en circunstancias similares”.
Cuando tratamos a la gente debemos recordar que no tratamos con criaturas lógicas, tratamos con criaturas emotivas, criaturas erizadas de prejuicios e impulsadas por el orgullo y la vanidad.
En lugar de censurar a la gente, tratemos de comprenderla, tratemos de imaginarnos porque lo hacen. Es mucho mas provechoso el interesarse que la critica y de ellos surge la simpatía, la tolerancia y la bondad.

Antes de criticar o condenar o quejarse recuerden que con eso estamos construyendo o destruyendo la imagen que tienen los demás sobre uno mismo y es MUY difícil revertirla.

Les dejo un texto que resume perfecto este principio:

Escucha, hijo: voy a decir esto mientras duermes, una manecita metida bajo la mejilla y los rubios rizos pegados a tu frente humedecida. He entrado solo en tu cuarto. Hace unos minutos, mientras leía mi diario en la biblioteca, sentí una ola de remordimiento que me ahogaba. Culpable, vine junto a tu cama.
Esto es lo que pensaba hijo: me enojé contigo. Te regañé cuando te vestías para ir a la escuela, porque apenas te mojaste la cara con una toalla. te regañé porque no te limpiaste los zapatos. Te grité porque dejaste caer algo al suelo.
Durante el desayuno te regañé también. Volcaste las cosas. Tragaste la comida sin cuidado. Pusiste los codos sobre la mesa. Untaste demasiado el pan con mantequilla. Y cuando te ibas a jugar y yo salía a tomar el tren, te volviste y me saludaste con la mano y dijiste: “¡Adiós, papito!”, y yo fruncí el ceño y te respondí: “¡Ten erguidos esos hombros!”
Al caer la tarde todo empezó de nuevo. Al acercarme a casa te vi, de rodillas, jugando en la calle. Tenías agujeros en los calcetines. Te humillé ante tus amiguitos al hacerte marchar a casa delante de mí. Los calcetines son caros, y si tuvieras que comprarlos tú, serías más cuidadoso. Pensar, hijo, que un padre diga eso.
¿Recuerdas, más tarde, cuando yo leía en la biblioteca y entraste tímidamente, con una mirada de perseguido? Cuando levanté la vista del diario, impaciente por la interrupción, vacilaste en la puerta. “¿Qué quieres ahora?”, te dije bruscamente. Nada respondiste. Pero te lanzaste en tempestuosa carrera y me echaste los brazos al cuello y me besaste, y tus bracitos me apretaron con un cariño que Dios había hecho florecer en tu corazón y que ni aun el descuido ajeno puede agostar. Y luego te fuiste a dormir, con breves pasitos ruidosos por la escalera.
Bien, hijo; poco después fue cuando se me cayó el diario de las manos y entró en mí un terrible temor. ¿Qué estaba haciendo de mí la costumbre? La costumbre de encontrar defectos, de reprender; esta era mi recompensa a ti por ser un niño. No era que yo no te amara; era que esperaba demasiado de ti. Te medía según la vara de mis años maduros.
Y hay tanto de bueno y de bello y de recto en tu carácter. Ese corazoncito tuyo es grande como el sol que nace entre las colinas. Así lo demostraste con tu espontáneo impulso de correr a besarme esta noche. Nada más que eso importa esta noche, hijo. He llegado hasta tu camita en la oscuridad, y me he arrodillado, lleno de vergüenza.
Es una pobre expiación; sé que no comprenderías estas cosas si te las dijera cuando estás despierto. Pero mañana seré un verdadero papito. Seré tu compañero, y sufriré cuando sufras, y reiré cuando rías. Me morderé la lengua cuando esté por pronunciar palabras impacientes. No haré más que decirme, como si fuera un ritual: “No es más que un niño, un niño pequeñito”.
Temo haberte imaginado hombre. Pero al verte ahora, hijo, acurrucado, fatigado en tu camita, veo que eres un bebé todavía. Ayer estabas en los brazos de tu madre, con la cabeza en su hombro. He pedido demasiado, demasiado.

W. Livingston Larned.

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