22 Jan
Enviado por i.briasco en Emprendedores, Relaciones, Superación Personal
Ayer almorzando con Mariano surgió una charla interesante sobre las relaciones humanas, sobre como nos ven los demás, lo que realmente transmitimos con nuestras palabras, gestos, etc… esto me hizo acordar a un curso que hice el año pasado en Dale Carnegie Training sobre Relaciones Humanas y Comunicación Eficaz.
Dale Carnegie fue uno de los pioneros en cursos de Oratoria y elaboró un método de educación para poder desarrollar todo el potencial de las personas básicamente reforzando puntos claves en la personalidad de cada persona. La clave de el éxito de estos cursos es romper con paradigmas y modelos mentales que fuimos incorporando a lo largo de nuestras vidas.
El entrenamiento se basa en desarrollar 5 propulsoras de éxito:
En mi caso el curso (o entrenamiento) fue muy útil para encarar mi nueva vida como emprendedor ya que gran parte de esa vida depende muchísimo de las relaciones que uno va forjando.
Lo anterior fue una introducción para hablar sobre los principios que aprendí en el curso. Estos principios tienen como objetivo mejorar nuestras relaciones y generar lazos de confianza con la gente que nos interesa.
Principios para tratar con los demás:
En este post voy a hablar sobre el primer principio y voy a seguir con los otros 2 en futuros posts.
Criticar a nuestros colaboradores, amigos, etc… no solo daña la imagen de la persona, sino que pone una marca negativa en nuestra imagen.
Cuantas veces nos pasa que alguien nos viene a hablar mal sobre otra persona? Muy seguido no? Cuantas veces nosotros mismos lo hemos hecho…
Como explica Dale Carnegie:
La crítica es inútil porque pone a la otra persona a la defensiva y por lo común hace que trate de justificarse. La crítica es peligrosa porque lastima el orgullo, tan precioso de la persona, hiere su sentido de la importancia y despierta su resentimiento.
En mil páginas de la historia se encuentran ejemplos de la inutilidad de la critica por ejemplo la famosa disputa de Theodere Rooselvelt y el presidente Taft y dividió al partido republicano. Otro ejemplo es el de Lincoln quien criticaba duramente a las personas al principio de ejercer las leyes tal es el caso de que se burló de un político irlandés, este hirvió de indignación y lo reto a un duelo pero los padrinos lo impidieron. Lincoln aprendió esa lección de no criticar y después dijo “No los censuréis son tal como seriamos nosotros en circunstancias similares”.
Cuando tratamos a la gente debemos recordar que no tratamos con criaturas lógicas, tratamos con criaturas emotivas, criaturas erizadas de prejuicios e impulsadas por el orgullo y la vanidad.
En lugar de censurar a la gente, tratemos de comprenderla, tratemos de imaginarnos porque lo hacen. Es mucho mas provechoso el interesarse que la critica y de ellos surge la simpatía, la tolerancia y la bondad.
Antes de criticar o condenar o quejarse recuerden que con eso estamos construyendo o destruyendo la imagen que tienen los demás sobre uno mismo y es MUY difícil revertirla.
Les dejo un texto que resume perfecto este principio:
Tags: amigos, comunicación eficaz, curso, dale carnegie, Emprendedores, entrenamiento, Oratoria, personas, relaciones humanasEscucha, hijo: voy a decir esto mientras duermes, una manecita metida bajo la mejilla y los rubios rizos pegados a tu frente humedecida. He entrado solo en tu cuarto. Hace unos minutos, mientras leía mi diario en la biblioteca, sentí una ola de remordimiento que me ahogaba. Culpable, vine junto a tu cama.
Esto es lo que pensaba hijo: me enojé contigo. Te regañé cuando te vestías para ir a la escuela, porque apenas te mojaste la cara con una toalla. te regañé porque no te limpiaste los zapatos. Te grité porque dejaste caer algo al suelo.
Durante el desayuno te regañé también. Volcaste las cosas. Tragaste la comida sin cuidado. Pusiste los codos sobre la mesa. Untaste demasiado el pan con mantequilla. Y cuando te ibas a jugar y yo salía a tomar el tren, te volviste y me saludaste con la mano y dijiste: “¡Adiós, papito!”, y yo fruncí el ceño y te respondí: “¡Ten erguidos esos hombros!”
Al caer la tarde todo empezó de nuevo. Al acercarme a casa te vi, de rodillas, jugando en la calle. Tenías agujeros en los calcetines. Te humillé ante tus amiguitos al hacerte marchar a casa delante de mí. Los calcetines son caros, y si tuvieras que comprarlos tú, serías más cuidadoso. Pensar, hijo, que un padre diga eso.
¿Recuerdas, más tarde, cuando yo leía en la biblioteca y entraste tímidamente, con una mirada de perseguido? Cuando levanté la vista del diario, impaciente por la interrupción, vacilaste en la puerta. “¿Qué quieres ahora?”, te dije bruscamente. Nada respondiste. Pero te lanzaste en tempestuosa carrera y me echaste los brazos al cuello y me besaste, y tus bracitos me apretaron con un cariño que Dios había hecho florecer en tu corazón y que ni aun el descuido ajeno puede agostar. Y luego te fuiste a dormir, con breves pasitos ruidosos por la escalera.
Bien, hijo; poco después fue cuando se me cayó el diario de las manos y entró en mí un terrible temor. ¿Qué estaba haciendo de mí la costumbre? La costumbre de encontrar defectos, de reprender; esta era mi recompensa a ti por ser un niño. No era que yo no te amara; era que esperaba demasiado de ti. Te medía según la vara de mis años maduros.
Y hay tanto de bueno y de bello y de recto en tu carácter. Ese corazoncito tuyo es grande como el sol que nace entre las colinas. Así lo demostraste con tu espontáneo impulso de correr a besarme esta noche. Nada más que eso importa esta noche, hijo. He llegado hasta tu camita en la oscuridad, y me he arrodillado, lleno de vergüenza.
Es una pobre expiación; sé que no comprenderías estas cosas si te las dijera cuando estás despierto. Pero mañana seré un verdadero papito. Seré tu compañero, y sufriré cuando sufras, y reiré cuando rías. Me morderé la lengua cuando esté por pronunciar palabras impacientes. No haré más que decirme, como si fuera un ritual: “No es más que un niño, un niño pequeñito”.
Temo haberte imaginado hombre. Pero al verte ahora, hijo, acurrucado, fatigado en tu camita, veo que eres un bebé todavía. Ayer estabas en los brazos de tu madre, con la cabeza en su hombro. He pedido demasiado, demasiado.W. Livingston Larned.
8 Respuestas
J.P.
22nd January 2008 a las 11:36 pm
1Estas decidido a emocionarme? Ya van 2 veces en menos de 2 semanas. Y eso que escribís poco :)
El segundo texto llegó hondo.
Vic
23rd January 2008 a las 12:42 am
2Totalmente!!! :)
Vic’s last blog post..Quienes son los Black Hat Spammers?
GoX
23rd January 2008 a las 2:57 pm
3Un poco largo el segundo (no lo termine) pero el primero sobre las criticas me toco… mi ambiente laboral parece un colegio secundario!, lo digo por conventillo (también conocido como puterio o radio pasillo) que arman!
sergio
24th January 2008 a las 2:45 am
4Isma, debo reconocer que el segundo texto me martillo la cabeza.
gracias por compartirlo!
Neurotransmisores
16th February 2008 a las 9:17 am
5Así como juzgas, serás juzgado.
Estoy de acuerdo con Gox sobre los ambientes laborales.
Neurotransmisores’s last blog post..Entrevista light de Buenafuente a Rajoy
Trackbacks
RSS sindicación para comentarios en esta entrada · TrackBack URI
Dejar una respuesta
Comentaristas TOP
La lista se resetea cada mes.Categorias
Archivos
Blogs
Suscripción
PsicoGeek
geek, emprendedores, tecnologia
Popego
Nube de Tags
Meta
Ultimos Comentarios
Ultimas Entradas
PsicoGeek esta creado con WordPress - BloggingPro tema por: Design Disease. Traducción realizada por Carrero