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No critique, no condene ni se queje

Ayer almorzando con Mariano surgió una charla interesante sobre las relaciones humanas, sobre como nos ven los demás, lo que realmente transmitimos con nuestras palabras, gestos, etc… esto me hizo acordar a un que hice el año pasado en Dale Carnegie Training sobre y .

fue uno de los pioneros en cursos de y elaboró un método de educación para poder desarrollar todo el potencial de las básicamente reforzando puntos claves en la personalidad de cada persona. La clave de el éxito de estos cursos es romper con paradigmas y modelos mentales que fuimos incorporando a lo largo de nuestras vidas.

El se basa en desarrollar 5 propulsoras de éxito:

  1. Desarrollar Mayor Auto-Confianza
  2. Fortalecer las Habilidades Interpersonales
  3. Mejorar las Habilidades de Comunicación
  4. Desarrollar Habilidades de Liderazgo
  5. Mejorar Nuestra Actitud

En mi caso el curso (o entrenamiento) fue muy útil para encarar mi nueva vida como emprendedor ya que gran parte de esa vida depende muchísimo de las relaciones que uno va forjando.

Lo anterior fue una introducción para hablar sobre los principios que aprendí en el curso. Estos principios tienen como objetivo mejorar nuestras relaciones y generar lazos de confianza con la gente que nos interesa.

Principios para tratar con los demás:

  1. No critique, no condene, ni se queje.
  2. Demuestre aprecio honrado y sincero.
  3. Despierte en los demás un deseo vehemente.

En este post voy a hablar sobre el primer principio y voy a seguir con los otros 2 en futuros posts.

No critique, no condene ni se queje

Criticar a nuestros colaboradores, , etc… no solo daña la imagen de la persona, sino que pone una marca negativa en nuestra imagen.

Cuantas veces nos pasa que alguien nos viene a hablar mal sobre otra persona? Muy seguido no? Cuantas veces nosotros mismos lo hemos hecho…

Como explica Dale Carnegie:

La crítica es inútil porque pone a la otra persona a la defensiva y por lo común hace que trate de justificarse. La crítica es peligrosa porque lastima el orgullo, tan precioso de la persona, hiere su sentido de la importancia y despierta su resentimiento.
En mil páginas de la historia se encuentran ejemplos de la inutilidad de la critica por ejemplo la famosa disputa de Theodere Rooselvelt y el presidente Taft y dividió al partido republicano. Otro ejemplo es el de Lincoln quien criticaba duramente a las personas al principio de ejercer las leyes tal es el caso de que se burló de un político irlandés, este hirvió de indignación y lo reto a un duelo pero los padrinos lo impidieron. Lincoln aprendió esa lección de no criticar y después dijo “No los censuréis son tal como seriamos nosotros en circunstancias similares”.
Cuando tratamos a la gente debemos recordar que no tratamos con criaturas lógicas, tratamos con criaturas emotivas, criaturas erizadas de prejuicios e impulsadas por el orgullo y la vanidad.
En lugar de censurar a la gente, tratemos de comprenderla, tratemos de imaginarnos porque lo hacen. Es mucho mas provechoso el interesarse que la critica y de ellos surge la simpatía, la tolerancia y la bondad.

Antes de criticar o condenar o quejarse recuerden que con eso estamos construyendo o destruyendo la imagen que tienen los demás sobre uno mismo y es MUY difícil revertirla.

Les dejo un texto que resume perfecto este principio:

Escucha, hijo: voy a decir esto mientras duermes, una manecita metida bajo la mejilla y los rubios rizos pegados a tu frente humedecida. He entrado solo en tu cuarto. Hace unos minutos, mientras leía mi diario en la biblioteca, sentí una ola de remordimiento que me ahogaba. Culpable, vine junto a tu cama.
Esto es lo que pensaba hijo: me enojé contigo. Te regañé cuando te vestías para ir a la escuela, porque apenas te mojaste la cara con una toalla. te regañé porque no te limpiaste los zapatos. Te grité porque dejaste caer algo al suelo.
Durante el desayuno te regañé también. Volcaste las cosas. Tragaste la comida sin cuidado. Pusiste los codos sobre la mesa. Untaste demasiado el pan con mantequilla. Y cuando te ibas a jugar y yo salía a tomar el tren, te volviste y me saludaste con la mano y dijiste: “¡Adiós, papito!”, y yo fruncí el ceño y te respondí: “¡Ten erguidos esos hombros!”
Al caer la tarde todo empezó de nuevo. Al acercarme a casa te vi, de rodillas, jugando en la calle. Tenías agujeros en los calcetines. Te humillé ante tus amiguitos al hacerte marchar a casa delante de mí. Los calcetines son caros, y si tuvieras que comprarlos tú, serías más cuidadoso. Pensar, hijo, que un padre diga eso.
¿Recuerdas, más tarde, cuando yo leía en la biblioteca y entraste tímidamente, con una mirada de perseguido? Cuando levanté la vista del diario, impaciente por la interrupción, vacilaste en la puerta. “¿Qué quieres ahora?”, te dije bruscamente. Nada respondiste. Pero te lanzaste en tempestuosa carrera y me echaste los brazos al cuello y me besaste, y tus bracitos me apretaron con un cariño que Dios había hecho florecer en tu corazón y que ni aun el descuido ajeno puede agostar. Y luego te fuiste a dormir, con breves pasitos ruidosos por la escalera.
Bien, hijo; poco después fue cuando se me cayó el diario de las manos y entró en mí un terrible temor. ¿Qué estaba haciendo de mí la costumbre? La costumbre de encontrar defectos, de reprender; esta era mi recompensa a ti por ser un niño. No era que yo no te amara; era que esperaba demasiado de ti. Te medía según la vara de mis años maduros.
Y hay tanto de bueno y de bello y de recto en tu carácter. Ese corazoncito tuyo es grande como el sol que nace entre las colinas. Así lo demostraste con tu espontáneo impulso de correr a besarme esta noche. Nada más que eso importa esta noche, hijo. He llegado hasta tu camita en la oscuridad, y me he arrodillado, lleno de vergüenza.
Es una pobre expiación; sé que no comprenderías estas cosas si te las dijera cuando estás despierto. Pero mañana seré un verdadero papito. Seré tu compañero, y sufriré cuando sufras, y reiré cuando rías. Me morderé la lengua cuando esté por pronunciar palabras impacientes. No haré más que decirme, como si fuera un ritual: “No es más que un niño, un niño pequeñito”.
Temo haberte imaginado hombre. Pero al verte ahora, hijo, acurrucado, fatigado en tu camita, veo que eres un bebé todavía. Ayer estabas en los brazos de tu madre, con la cabeza en su hombro. He pedido demasiado, demasiado.

W. Livingston Larned.

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Posted by on enero 22, 2008.

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Categories: Emprendedores, Relaciones, Superación Personal

9 Responses

  1. Estas decidido a emocionarme? Ya van 2 veces en menos de 2 semanas. Y eso que escribís poco :)

    El segundo texto llegó hondo.

    by J.P. on ene 22, 2008 at 11:36 pm

  2. Totalmente!!! :)

    Vic’s last blog post..Quienes son los Black Hat Spammers?

    by Vic on ene 23, 2008 at 12:42 am

  3. Un poco largo el segundo (no lo termine) pero el primero sobre las criticas me toco… mi ambiente laboral parece un colegio secundario!, lo digo por conventillo (también conocido como puterio o radio pasillo) que arman!

    by GoX on ene 23, 2008 at 2:57 pm

  4. Isma, debo reconocer que el segundo texto me martillo la cabeza.
    gracias por compartirlo!

    by sergio on ene 24, 2008 at 2:45 am

  5. [...] con el post anterior sobre los principios para tratar con los [...]

    by Demuestre aprecio honrado y sincero | PsicoGeek on ene 25, 2008 at 5:55 am

  6. Así como juzgas, serás juzgado.
    Estoy de acuerdo con Gox sobre los ambientes laborales.

    Neurotransmisores’s last blog post..Entrevista light de Buenafuente a Rajoy

    by Neurotransmisores on feb 16, 2008 at 9:17 am

  7. [...] No critique, no condene, ni se queje. [...]

    by Despierte en los demás un deseo vehemente | PsicoGeek on mar 17, 2008 at 5:07 pm

  8. [...] con el resumen que vengo haciendo del libro de Dale Carnegie, “Como ganar amigos e Influir sobre las [...]

    by Seis maneras de agradar a los demás | PsicoGeek on mar 24, 2008 at 3:59 pm

  9. Me leí el libro de Dale Carnegie, buenisimo!
    Gracias por contarlo!!! Tiene tantas anécdotas buenas, como palabras sabias como por ejemplo…

    “A nadie agrada sentir que se le quiere obligar a que compre o haga una cosa determinada. Todos preferimos creer que compramos lo que se nos antoja y aplicamos nuestras ideas. Nos gusta que se nos consulte acerca de nuestros deseos, nuestras necesidades, nuestras ideas.2

    Éxitos en tus cosas ;) y gracias por el post!

    by Fede Gascón on ago 27, 2008 at 11:12 am

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Ismael Briasco Desde el año 1995 he dedicado mi tiempo profesional y de ocio a Internet y el mundo IT, a lo largo de estos años he pasado por varias compañias de primer nivel. Soy uno de los directores y fundador de psicofxp.com , una comunidad virtual que desde el año 2000 ha ido evolucionando [...]more →